Cuando descubrí la poesía de Alejandra Pizarnik me sumergí en un universo lleno de angustias, miedos,  carencias, obsesiones y una terrible tristeza que me conmovió profundamente.

El miedo a la muerte y la soledad son dos cosas comunes en el ser humano, pero imaginarme que la poeta argentina contemporánea y amiga de Julio Cortázar, vivió con esos terrores toda su vida  tratando de aclarar lo indecible como ella se refería  cuando hablaba de su poesía,me pone a pensar en su prosa tan compleja, surrealista e impresionante.

Alejandra Pizarnik foto

Alejandra Pizarnik fue una poeta surrealista con una prosa excepcional nacida un 29 de abril de 1936 en Buenos Aires Argentina, obsesionada con definir la realidad a partir del lenguaje y las palabras, su poesía se  considera de una belleza oscura.

Quizá se considere de esta manera por ser una prosa que demuestra claramente la melancolía, el miedo, su obsesión con la muerte, la soledad y aquellos sentimientos que la atormentaron durante toda su vida acompañado una depresión que la llevó a quitarse la vida cuando tenía  solo 36 años con una sobredosis de barbitúricos.

Cabe destacar que Pizarnik no fue solamente una poetisa trágica que expresaba sus sentimientos que como ella consideraba era una forma de exorcizar sus miedos a través de la pluma, pues fue más que eso: una mujer brillante, inteligente, curiosa por leer y conocer otros autores de los cuales iba tomando influencias para su propia escritura.

“Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo  Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.”, declaró Pizarnik para una entrevista en 1972.

Algunos de los autores que leía eran Kafka, César Vallejo, Octavio Paz y sus favoritos Michaux, Lautréamont,Bataille, en su mayoría franceses que representaban el surrealismo, y los argentinos Olga Orozco y Enrique Molina , mientras escuchaba canciones de Édith Piaf que dejan marcado su gusto por lo francés, pero también se nutría de los tangos de Discépolo, pues todo absolutamente le servía para ir creando sus versos, escritos, artículos y poesías.

“Y si leo, si compro libros y los devoro, no es por un placer intelectual -yo no tengo placeres, sólo tengo hambre y sed- ni por un deseo de conocimientos sino por una astucia inconsciente que recién ahora descubro: coleccionar palabras, prenderlas en mí como si ellas fueran harapos y yo un clavo, dejarlas en mi inconsciente, como quien no quiere la cosa, y despertar, en la mañana espantosa, para encontrar a mi lado un poema ya hecho”, decía la poetisa oriunda de Buenos Aires, que dejaba en claro su manía por las palabras.

Entre ese inmenso océano de escritores que le sirvieron de influencia se encuentra el surrealista por excelencia André Breton de quien escribió en su diario “Mi deuda con André Breton es inenarrable. Tal vez es aquel que nada me enseñó y no obstante es aquel que más influyó en mí.

Con un marcado interés por el psicoanálisis siempre se sintió atraída por el, incluso tomó sesiones de análisis se cree que estuvo  enamorada de su psicoanalista de años,  Ó. Ostrov a quién le dedicó su obra La última inocencia 1956.

 

Les comparto un poco de su poesía por si aún no la conocen, espero les guste, déjenme sus comentarios.

Hasta pronto

nueva poesía de pizarnik

El despertar

Ante la lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues.

hoy te miraste en el espejo
y te fuiste triste estabas sola
y la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado

oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

 Más allá del olvido

alguna vez de un costado de la luna
verás caer los besos que brillan en mí
las sombras sonreirán altivas
luciendo el secreto que gime vagando
vendrán las hojas impávidas que
algún día fueron lo que mis ojos
vendrán las mustias fragancias que
innatas descendieron del alado son
vendrán las rojas alegrías que
burbujean intensas en el sol que
redondea las armonías equidistantes en
el humo danzante de la pipa de mi amor