Que infeliz tu ausencia que hizo las maletas a medias, me dejó un frío que cala los huesos en las noches cuando abrazo la almohada pensando que eres tú quien me abraza.

 Me dejó memorias profundas como tatuajes imposibles de borrar, de esos recuerdos que se quedan en el alma para no irse jamás por la belleza, me dejaste el eco de tu voz diciendo mi nombre, la recuerdo, la siento aún me hablas yo te escucho.

 

Me dejaste un mar de lágrimas que me visitan de vez en cuando, esas tardes melancólicas, esas noches de silencios y puntos finales, un llanto frío y estremecedor.

Me dejaste las flores marchitas de los girasoles, de las rosas blancas, de aquellas flores exóticas que me dabas porque me amabas, amabas tiempo pasado, cruel y ahora mundano

Me dejaste las huellas de tus besos, la carente caricia, el abrazo vacío, ese abrazo fuerte y reconfortante que me protegía de las tempestades de los demonios, me dejaste sola, cómo podría yo no necesitar ese abrazo.

Me dejaste ilusiones fragmentadas, dolorosas, rotas, vacías, que ruegan presencia para ser de nuevo, por la nueva soledad.

¿Por qué no te fuiste con todo y los recuerdos furtivos que aparecen cada día, por qué no te llevaste los deseos imposibles, las esperanzas absurdas, las manías tiernas, la evocación de tus gestos y tu cara tu eterna cara imposible de olvidar?

Qué infeliz tu ausencia que hizo las maletas a medias.

niña