Hay días en los que pienso y siento que las cosas no están perfectas o no están bien y me agobio mucho, por no cumplir mis propias expectativas, pero ¿por qué tendrían que obedecer algún modelo? 

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Y es que en teoría sabemos que no existen las vidas perfectas, pero la felicidad se ha vuelto una obsesión tan estúpida como cualquier otra cosa, que a veces sólo hay que aceptar el malestar momentáneo y dejarlo pasar; en mi expectativa de mi vida perfecta, hago yoga, natación, soy reportera y escribo en mi blog,  todo el tiempo, productiva, sin correr de un lado a otro con energía al full, alimentandome sanamente, empoderada 24/7 sin mis viejos hábitos anti felicidad, sin voces saboteadoras, libre y poderosa,pero no siempre me siento así.

Tengo 27 años y empiezo a comprender que las cosas  no estarán perfectas nunca, pero en ese camino está su perfección aunque no parezca, no estarán acorde a tu ideal de debería, pero no por eso estás yendo en dirección contraria y está ardiendo Troya ,ni se está hundiendo el Titanic, sólo es y punto.

Hay días que no estoy bien,  el sentir, me obsesiono o no puedo dormir me da insomnio y veo todo oscuro, me caen mal todos, veo mis ojeras y no lo intento más no las voy a maquillar así me siento hoy y no está mal, no lo quiero negar, pero luego pienso los 27 han venido raros ¿no está funcionando todo lo que hago? ¿cuántas veces voy a sabotearme? ¿ de qué sirve tanto crecimiento personal?

Lo que sigue es que  me culpo por esas reincidencias, por caer en esos hábitos nefastos roba bienestar que prometí no hacer más,  me juzgo y me culpo por culparme, pero después hago una pausa y  qué más da no todos los días me hago desayunar ese acai bowl perfecto y omelet digno de foto de instagram, no todos los días estoy al cien, pero no por eso debo sentirme en “cero”, no pasa, tampoco estoy así siempre

Y lo comprendo ¿por qué  insistir? e intentar quitar de golpe un malestar y lo acepto, me dejo fluir con la mala noche, el mal sentimiento, la voz del ego engañosa y culpógena que te recuerda tus miedos, me siento, me relajo y descubro que no todo está tan mal, de hecho casi nada lo está,

Viendo el asunto desde otro lado, es más un mensaje chistoso, un comentario agradable, una cara que alegra ver porque sí, un abrazo, un té o un café en compañía sagrada, un buen atardecer en la ciudad, uno minutos sentado en el parque me conectan y lo descubro no es tan malo.

Yo también me siento así, no pasa nada, mañana será otro día 🙂