Romper una relación es muy doloroso, no importa el cómo, ni el tiempo que haya durado, cuando se acaba con alguien que amas:cala en lo más hondo de tu ser y golpea tu autoestima la mayoría de las veces. Según tu madurez emocional puede ser más o menos complicado.

También es cierto que una ruptura es una gran lección de desapejo, una invitación a transformarte y lo mejor de todo una oportunidad de fortalecer tu amor propio, de trabajar en ti y no abandonarte al dolor, a la falsa esperanza, al drama de ¿por qué a tí? Seguir adelante y tomar la enseñanza con humildad te permite ver otras perspectivas.

No eres la única persona que ha terminado una relación, no eres la única persona a la que “su gran amor ” le ha dejado. En este momento serán millones de personas que están viviendo lo mismo que tú. No hay nada de especial en eso que te pasa, quizá ya te ha pasado y no es la mala suerte, ni que te falta una limpia, ni es para nada una tragedia.

Yo he tenido tres rupturas dolorosas, dos muy fuertes para mí, pues la primera fue mi primer amor a los 18, fue traumatico como para todos terminar con la primera persona de la que me enamoré, ese sentimiento de perder a tu alma gemela y no encontrar consuelo en nada durante las primeras semanas de tu duelo es devastadora.Pero lo superé y al año me enamoré locamente y hasta creo un poco más.

Luego esa relación terminó muchisísimos años después, después y bueno me enfrenté a un golpe durisimo, pero hice aplomo de todas las estrategias de bienestar que había aprendido en esos últimos años para salir adelante y la sorpresa fue recuperarme y muy bien tanto que hasta el tiempo me permitió darme cuenta porque hay relaciones que terminan porque ya no estas creciendo y lo que viene siempre es mejor.

Unoo necesita renovarse totalmente, en esa metamorfosis uno aprende y se libera de muchas creencias y percepciones erróneas.( No es el amor de tu vida, lo fue en ese momento) (Y créeme que aunque no lo creas te vas a volver a enamorar: yo también creí que algo tan fuerte no volvería a pasar y sí pasa).

Luego tuve una ruptura de un noviazgo muy corto, pero aun así tremendamente dolorosa y decepcionante para mí: esa ruptura fue clave porque me permitió reforzar mi amor propio y confiar en mí, en mi idea de confiar en la vida, en el sentido de que si esa persona elige no estar a tu lado, tienes que confiar en que no es para tí, no intentar aferrarte ni un minuto más, ni aceptar menos de lo que mereces,pues seguro la sorpresa que viene después de afrontar el dolor debe ser excepcional, maravillosa.

Algo que también he aprendido es que hay que entrarle de lleno a las emociones: esto no significa llorar y abandonarte en tu tristeza y desesperación. Sino en aprender a gestionar tus emociones (no controlarlas) permitirte llorar y vivir el dolor, la pérdida, darte permiso de estar triste un tiempo y aceptar que sí duele mucho, que extrañas,pero es temporal, no trates de negar el dolor, ni suprimirlo, te lo juro que el dolor no te matará.Al contrario se irá más rápido.

Estoy convencida de que cuando aprendemos a gestionar nuestras emociones ya no tenemos ninguna necesidad de sufrir, vivir el dolor es normal; sentirse cabizbajo durante las primeras semanas, días o el mes o tener recaídas es sano, pero como alguna vez leí en un libro de Walter Riso: La tristeza es temporal es como tener una gripa, no hay pastilla mágica ni médicamento que la cure, pero con reposo, cuidados y descanso irá pasando.