No sé que manía tengo de querer contar tantas cosas en mi blog. Que no sé ni por donde empezar.

Hace poco mis roomies anunciaron su posible cambio de casa, con todo y Tito ( el perro). Las emociones brotaron: una nostalgia muy particular por la hermandad que hemos tenido, me dio. Nos convertimos en un hogar,como una especie de segunda familia. Hemos compartido tanto, desde cosas muy entrañables, tristes y divertidas.

No sé como explicarlo, desde que me mudé han pasado cosas muy padres y ellos forman parte de eso. Hemos compartido tanto, pero al mismo el sentimiento de que un nuevo ciclo inicia para todos nosotros, neutraliza la nostalgía.

Estaría yo,otra vez sola en este depa como cuando pise mi habitación por primera vez. Me animé apartarlo en medio de la incertidumbre total, sin saber quienes serían mis roomies cómo sería mi vida aquí en esta colonia hipster de gente joven, foodie extranjera o dedicada a las artes.

Como parte de la vida y sus infinitos ciclos también me alegra que ellos sigan su camino, creciendo en un nuevo hogar. Y me emociona también la confianza en que todos los cambios son buenos, siempre para bien. Se mueven los muebles, las dinámicas, las caras, las emociones, los vínculos.

Una de mis mejores amigas será mi nueva roomie. Estoy entusiasmada por ello. Qué dicha lo que se viene.