En enero de 2021, comencé a ver Dawson’s Creek. En medio de la post navidad  y en el confinamiento del segundo semáforo rojo por coronavirus en Ciudad de México, yo encontré un refugio en la pantalla con esta serie juvenil estrenada en 1998 y que llegaría a mi vida 22 años después.

Lo admito Dawson, fue como un abrazo a ese terror intenso generado en medio del confinamiento por la alta tasa de contagios por la pandemia. 

Por ello me adentré en la trama de los personajes de Capeside, como si fuera algo serio, casi personal. Me envolví en la nostalgia de los años de secundaria, de estos personajes que me recordaban no precisamente una época,  sino la inocencia de esos primeros amores, de la forma en la que vemos la vida cuando tenemos 14 años de edad.

Dawson me recordaba  el despertar de ese sentimiento romántico por alguien, tan idealizado, pero a la vez tan inocente y fuera de vicios, traumas, miedos y experiencias. Lo hermoso que es  vivir esos amores y después perderlos.

Dawson Leery de las primeras temporadas  me recordaba a mí, por ser tan soñador, idealista, optimista y Dawson Leery de las siguientes temporadas también me recordaba a mí, por empezar a tener miedo, a dudar sobre él y a conflictuarse de una manera existencial cuasi exagerada, que lo lleva a sabotearse y entrar en proceso de crisis terrible.

Dawson y Joey me recordaba a mi propia historia de Dawson-Joey, esa amistad, no amistad con tintes románticos, amistosos y dramáticos a momentos. Por ahí me enganché más a la historia de este par, siguiéndolos en vilo, mientras los veía comentar una película de Steven Spielberg, Martín Scorsese, Jean-Luc Godard, etc.

Además de que la historia no habla solo de estos romances sino de la vida misma, de crecer, de aprender, de levantarse, de caerse y volver a ponerse de pie. Dawson es la vida  y por fortuna tiene personajes desarrollados a profundidad que van evolucionando conforme el paso de las temporadas.

Otra cosa que terminó por encantarme, fue que Dawso´n Creek me permitió volver a vivir esa experiencia donde ves una serie de manera lenta, la saboreas como un bocadillo, cosa que hemos perdido en los tiempos violentos de streaming, donde los personajes pasan página de un capítulo a otro y una temporada nos dura 1 día.

Lo cual también me encanta y lo he hecho infinidad de veces, pero tener una serie que me durara más y no fuera cosa de una sola noche, definitivamente le dio un lugar especial en mi corazón.

Resumen Breve

Amé la serie, aunque admito que la última temporada no fue lo mejor, de hecho me queda claro porque fue la última. Lloré en infinidad de capítulos, hay diálogos muy contundentes y emotivos.

 Fui Team Dawson y Joey a muerte y sufrí muchísimo cuando Peacey y Joey se enamoran, temporadas después odié lo insufrible del rollo romántico amistoso y ultra complicado entre Dawson y Joey y terminé por aceptar que no podían estar juntos y si lo acepté Joey hacia linda pareja con Peacey.

Honestamente disfruté la relación entre Peacey y Andie Mc Phee, me hubiera gustado que tuvieran más temporadas juntos. 

Lamenté demasiado, que la amistad entre Dawson y Peacey nunca volvió a ser la misma después de aquel tormentoso episodio, que cambió el rumbo de la serie. Si bien se reconciliaron nunca volví a ver esa chispa entre ellos que disfrutaba.