Mi descubrimiento de estos últimos meses del 2021, fue Margaret Atwood, esta autora canadiense, que entró en mi top de escritoras favoritas. Empecé viendo una serie basada en su libro Alias Grace (superrecomendable también) y después leyendo El cuento de la Criada.

El cuento de la criada se sitúa en una sociedad distópica en medio de un sistema totalitario ultra religioso que derrocó la democracia en Estados Unidos, en el cual, los ciudadanos han perdido sus libertades, en especial las mujeres fértiles, quienes debido a la baja tasa de natalidad, son enviadas como criadas a las casas de los comandantes para procrear, su única misión es tener hijos.

No pueden tener empleo, dinero, ni pareja, porque su deber  según el Estado, es procrear, aunque tampoco puedan conservar sus hijos porque son entregados a las familias donde son enviadas.

La historia  está narrada a manera de diario por Defred, quien ha sido despojada de su identidad e intenta sobrevivir en un mundo completamente restringido, donde incluso una mirada sostenida, un roce o una opinión están estrictamente prohibidas.

Margaret escribió esta historia en 1985, sin embargo su ficción distópica nos muestra entre líneas una profunda crítica social gracias a esta hipérbole,donde cuestiona el trato hacia las mujeres, su rol de criada, de mujer que engendra  y la restricción al deseo y al placer sexual al que son sometidas.

Mi presencia aquí es ilegal. Tenemos prohibido estar a solas con los comandantes. Nuestra misión es la procrear: no somos concubinas, ni geishas, ni cortesanas. Al contrario, han hecho todo lo posible para apartarnos de esa categoría. No debe existir diversión con respecto a nosotras, no hay ninguna base en la que pueda asentarse el amor. Somos matrices con dos patas, eso es todo: somos recipientes sagrados, cálices ambulantes”

Dice Defred entre las páginas de este libro, que atrapa sorprende, emociona y por otro lado aterroriza. Sin duda El cuento de la criada  evoca a otros clásicos distópicos como 1984, donde el sistema totalitario ha prohibido hasta el afecto, adoctrinando tanto a sus ciudadanos que todos temen opinar algo políticamente incorrecto y ser denunciados.