Cada vez me siento más contenta conmigo , más afortunada de entender que la verdadera realidad que importa por sobre todas es la interna, la que está en paz aunque afuera haya inestabilidad, la que puede confiar en el plan de la vida  aunque haya incertidumbre, la que se desapega del resultado y se enfoca en disfrutar la acción.

La que deja de sentirse condicionada por lo estímulos externos, porque entiende que la felicidad no está en el dinero que ganas, ni en los títulos, ni en los reconocimientos ni en los likes, que si bien es  cierto no caen nada mal los reconocimientos, no son la gran cosa si no estás bien contigo por dentro 🙂

Cada vez me torturo menos por que mis proyectos no estén ni a la mitad de la altura que anhelo, cada vez sufro menos porque este año mis planes han dado giros nuevos, inesperados y completamente fuera de mi control, ya no me hago daño por que las cosas no me salen, ni por no saber reaccionar a la altura de las circunstancias y cada vez valoro más la suerte de vida que tengo, que neta no es poca.

Pienso que esto tendrá que ver con el yoga y la meditación a diario que vengo practicando desde hace más de medio año, todos los día o mínimo un par de veces por semana. El yoga y la meditación como práctica continua han venido a sosegarse en un momento de cambios profundos, pero creo que en gran parte se debe a que he cambiado mi forma de pensar, de entender que mi valor no va en función de la aprobación de los otros, ni del trabajo que tengo, ni del dinero que gane.

 No he dejado de desear todo lo que quiero, pero ya no me siento atormentada por no haber alcanzado los objetivos que con tanta dureza he buscado manifestar en mi vida, porque ya no le doy tanta importancia, porque confío que todo llegará a su momento.