Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga mejor conocida como Gabriela Mistral fue poeta, diplomática, profesora y pedagoga chilena, su obra la llevó a convertirse en la primera autora hispanoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura de 1945.

Mistral luchó por los derechos de las mujeres y los indígenas, apoyó el derecho al voto entre otras causas, que la inspiraban a trabajar a favor de las minorías.

Acá te comparto 6 poemas cortos de Gabriela Mistral, algunos de ellos sobre amor, desamor.

Gabriela Mistral

El amor que calla

Si yo te odiara, mi odio te daría

en las palabras, rotundo y seguro;

¡pero te amo y mi amor no se confía

a este hablar de los hombres tan oscuro!

Tú lo quisieras vuelto un alarido,

y viene de tan hondo que ha deshecho

su quemante raudal, desfallecido,

antes de la garganta, antes del pecho.

Estoy lo mismo que estanque colmado

y te parezco un surtidor inerte.

¡Todo por mi callar atribulado

que es más atroz que entrar en la muerte!

Atardecer

Siento mi corazón en la dulzura

fundirse como ceras:

son un óleo tardo

y no un vino mis venas,

y siento que mi vida se va huyendo

callada y dulce como la gacela.

Dame la mano

Dame la mano y danzaremos;

dame la mano y me amarás.

Como una sola flor seremos,

como una flor, y nada más…

El mismo verso cantaremos,

al mismo paso bailarás.

Como una espiga ondularemos,

como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;

pero tu nombre olvidarás,

porque seremos una danza

en la colina y nada más…

Desvelada

Como soy reina y fui mendiga, ahora

vivo en puro temblor de que me dejes,

y te pregunto, pálida, a cada hora:

«¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»

Quisiera hacer las marchas sonriendo

y confiando ahora que has venido;

pero hasta en el dormir estoy temiendo

y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?».

Riqueza

Es el mundo desamparo

y la carne triste va.

Pero yo, la que te oprime,

¡yo no tengo soledad!

Tengo la dicha fiel

y la dicha perdida:

la una como rosa,

la otra como espina.

De lo que me robaron

no fui desposeída;

tengo la dicha fiel

y la dicha perdida,

y estoy rica de púrpura

y de melancolía.

¡Ay, qué amante es la rosa

y qué amada la espina!

Como el doble contorno

de dos frutas mellizas

tengo la dicha fiel

y la dicha perdida.

Yo no tengo soledad

Es la noche desamparo

de las sierras hasta el mar.

Pero yo, la que te mece,

¡yo no tengo soledad!

Es el cielo desamparo

si la Luna cae al mar.

Pero yo, la que te estrecha,

¡yo no tengo soledad!