Confieso que toda la vida he creído  que un amor súper especial y romántico  está destinado para mí. De soltera siempre llegando a un lugar nuevo, pensando de manera demasiado inconsciente y casual  ¿podría encontrar aquí a esa persona especial?

No está mal creer que las cosas buenas para ti están por venir algún día, no podemos resignarnos al fatalismo, pero desear desde la carencia  puede generar distorsiones del pensamiento que provocan mucha frustración y sufrimiento: por lo cual considero importante aprender a cuestionar todo lo creemos.

En mi caso siempre he creído en la ley de atracción, ley que no pongo para nada en duda, para mí es una verdad que tus pensamientos y emociones atraen las experiencias que vivimos, día a día. Sé que hay un montón de gente que esto le parece pensamiento mágico o irreal, pero no es para así. Basta conocerte y entender más sobre tu subconsciente y mirar el espejo de tu vida.

Sin embargo admito que la ley de atracción durante un tiempo me sirvió sobre todo para justificar distorsiones románticas que de verdad no pertenecían a la realidad por lo que me auto engañaba para no sufrir en el amor, generando más resistencia, frustración y dolor al no aceptar que de verdad no puedes elegir que la persona que tú quieres también te quiera y que la vida no va permitir que estés con la persona equivocada para tu mayor crecimiento y evolución. No hay nada contra eso. 

Así que interpretaba señales que no existían, pensaba que la sincronías que vivía con determinada persona podrían significar que estábamos destinados a estar juntos, mi ego se apoderaba de mi intuición y me mandaba mensajes erróneos que yo interpretaba como presentimientos o falsas certezas de finales felices, que con el tiempo entendían que era un negación ante el duelo de aceptar que no te quieren como quieres que te quieran.

De verdad llegué a pasarla muy mal, con periodos súper confusos, interpretando hasta mis sueños como las señales de que ese final romántico con alguna persona se daría. Al grado que cuando todo se iba al traste yo seguía creyendo, pensando que lo mío era fe, pero era más bien negación y obsesión.

El tiempo pasaba, no ocurría nada mágico con aquella persona o en su defecto hasta ocurrían cosas peores que me enfrentaban al desamor. Tiempo después reflexionaba sobre esos episodios me cuestionaba, qué había sido de esa química, esas sincronías, esas señales y sentimientos de certeza de que “Era la persona”, ¿había sido un engaño? ¿pero se sentía tan real? Claro que lo que sentía había sido real, pero me lo había inventado.

La magia, las ideas sincrodestino fusionadas con amor romántico eran solo mías y me hacían percibir las cosas de esa manera, pero no estaban fundamentadas en hechos concretos que demostraran interés de verdad o un verdadero amor. 

Recuerdo un día contarle a mi psicoanalista que había tenido un descubrimiento, le conté: Me di cuenta que a él no le brillaban los ojos al verme como yo te había contando, más bien a quien le brillaban los ojos al verlo era a mí y probablemente esa proyección mía fue  la que vi en él. Ella me contestó: Así es.